Relato:
Érase un 26 de octubre, un día primaveral en la encantadora y prometedora ciudad de Silvania, en el corazón de Cundinamarca. Como un abrazo al alma, el sol iluminaba la Feria Campesina, Artesanal, Gastronómica y Cultural, un evento impulsado por la Alcaldía y gestionado con esmero por Jheraldine y Wilmer. Por su parte el señor Wilson García donde impulsaba el rescate de la semilla nativa, una gran iniciativa para impulsar la agricultura en el municipio. Emprendedores y visitantes, tanto locales como turistas que venían desde Bogotá, se reunieron en la concha acústica para un festín de creatividad y esfuerzo.
Desde temprano, los stands cobraron vida, cada uno contando su propia historia de perseverancia y sueños realizados. Al comenzar nuestro recorrido, nos encontramos en el primer puesto con Jhon y su emprendimiento, "Arte y Pluma". Nos contó con orgullo cómo su trabajo es un homenaje a sus ancestros: sus esculturas talladas en madera reciclada capturan el alma de árboles caídos, y junto a las piezas de piedra, simbolizan prosperidad y buena fortuna. Jhon ofrecía a los visitantes un pequeño arete solitario, una antigua tradición de los caciques y princesas, que ahora se transformaba en símbolo de identidad y conexión. También estaban sus plumas, representando libertad y espiritualidad, y unos hermosos aretes de crochet, hechos a mano por mujeres cabeza de familia, llenos de color y dedicación.
Más adelante, un señor mayor de 80 años, con una sonrisa contagiosa, vendía salpicón y empanadas. Con su amabilidad y energía, cautivaba a cada cliente. A su lado, dos señoras exhibían manillas artesanales, bolsos únicos, pulseras de acero y aretes de alambre de alpaca que relucían bajo el sol. Cada pieza era un reflejo de sus manos trabajadoras y del amor por lo que hacían.
A unos metros, un escritor local promocionaba su primer libro, entusiasmado por compartir las historias de los habitantes de Silvania, mientras buscaba nuevos relatos para su próxima obra.
En el siguiente stand, una mujer cabeza de familia ofrecía frutos de su finca: paquetes de mora, chúguas, frijol desgranado y guatila, todos cultivados con dedicación. La señora narraba cómo su pequeña producción había sido un recurso fundamental para el sustento de su familia.
Seguimos avanzando y nos encontramos con una pareja que ofrecía repostería artesanal. Sus pasteles, frescos y llenos de sabor casero, daban una sensación de calidez hogareña.
En el stand "Variedades Juliana", otra emprendedora comercializaba manillas personalizadas y bolsos únicos. Al otro lado, la señora Gloria Moreno mostraba productos para el bienestar y accesorios tradicionales de la región, todos elaborados con una meticulosa atención al detalle.
No muy lejos, una mujer representante de la fundación Asmesil exhibía bisutería y artesanías con un toque de elegancia, mientras que otra emprendedora ofrecía frascos de miel pura en diversas presentaciones. Cada producto, un reflejo de esfuerzo y dedicación.
Otro puesto, colorido y llamativo, estaba adornado con flores de pascua, las famosas poinsettias, perfectas para la temporada navideña. Cerca de allí, una pareja vendía panela y chocula, brindando a los visitantes un sabor auténtico de la región.
En uno de los últimos stands, la señora Gloria Triana, de 68 años, se enorgullecía de sus adornos navideños, y al lado, otra señora vendía deliciosas tortas de maíz y banano, acompañadas de refrescante masato. Finalmente, cerrando el recorrido, una mujer ofrecía obleas y frescas cremas de fresa, deleitando a los turistas y habitantes que decidieron pasar este día en la feria.
Esta feria fue un verdadero espejo del espíritu emprendedor que todos llevamos dentro. Cada uno de estos emprendedores, con su esfuerzo, su pasión y su esperanza, nos recuerda que en los momentos difíciles, siempre hay un camino para seguir adelante. Estos relatos son una invitación a creer en nuestras propias capacidades y a no rendirnos en la búsqueda de nuestros sueños.
